Muchas veces, todo el tiempo diría yo, la "libertad" es confundida con las "libertades", sin embargo existen grandes diferencias. La Libertad es, en un sentido metafísico si se quiere, aquella capacidad humana que nos permite hacer todo lo que la imaginación admita. Es una de las habilidades que definen al ser humano como individuo capaz de ejecutar ideas. Y aún el hecho de tenerlas constituye en sí mismo el ejercicio de la libertad como una habilidad o característica, no como un derecho, sino más como una posibilidad. Aún dentro del mundo de las ideas, pero acercando más este concepto al mundo real, podríamos decir que la libertad es esta curiosa combinación de voluntad, acción y naturaleza (personalidad), que nos permite ser quienes somos. Es decir, más allá de toda barrera legal, moral o física se me ocurrió escribir este blog porque soy libre de hacerlo, y lo soy gracias a esta mezcla de voluntad, acción y naturaleza, que me definen como individuo.
Por otro lado, las que yo llamo "libertades" son todas aquellas acciones que se nos están permitidas hacer. Yo creo que hay diferentes tipos o niveles de libertades, las más obvias son aquellas ligadas con el sentido que nos imponen los derechos y sus leyes asociadas, aquellas que rigen nuestra vida dentro de la sociedad como ciudadanos de una nación. Surgen como un desarrollo escrito de lo que una nación entiende como moral, pero es lo que en la práctica rige al mundo. Por ejemplo, no tengo la libertad de pasarme la luz roja aunque pueda hacerlo, porque me darán una multa; lo que delimita esa "libertad".
Se suele decir que la libertad es un derecho, y yo creo que es un error muy grave, porque La Libertad descrita en el primer párrafo no es un derecho sino una característica intrínseca del ser humano, eso jamás debería estar en discusión. Lo que sí es un derecho es, por ejemplo, la libertad de expresión o la libertad de pensamiento, que son libertades específicas, que tratan asuntos muy particulares, que deben ser entendidas como potestades o derechos que otorga la ley, derechos que se basan (o deberían basarse) en lo que muchos entendemos como sentido común, el cual a su vez se apoya (o debería apoyarse) en una observación simple de nuestras capacidades como seres humanos (entiéndase nobles seres humanos que buscan el desarrollo del hombre y de la sociedad). Es decir, muchos políticos se llenan la boca "defendiendo a la libertad", pero esa frase es un absurdo, porque no se puede defender algo que cada individuo ya posee. Lo que sí se puede defender es el ejercicio libre de un derecho específico, otorgado por la ley o en su defecto por la moral (no necesariamente religiosa). Por ejemplo, puedo defender el voto de la mujer aún en aquel país en donde legalmente está prohibido.
Sin embargo esas libertades no son las únicas, porque creo que al menos hay otros dos tipos o niveles. Existen aquellas que rigen nuestro comportamiento, aquellas impuestas por la sociedad y que han sido interiorizadas de modo tal que adoptamos como nuestras. Por ejemplo la libertad de comer con las manos (de la manera que se hacía en el medioevo), si lo hacemos a solas no hay problema, pero si lo hacemos en público seguro que nos mirarán mal. A lo que me refiero es que hay cosas que están fuera de la ley pero que están dentro de lo que entendemos por moral (que es un sentido mucho más elevado que el de las "buenas costumbres"). Esta moral no es necesariamente religiosa, y es una constante en nuestras vidas que parametriza nuestro comportamiento. Así, si decidimos hacer algo que podría ser considerado inadecuado u ofensivo, depende exclusivamente de nosotros hacerlo o no, pero existirá una barrera que, por más tenue que sea, nos obligará a pensar en que, aunque seamos libres de realizar ese acto específico, en realidad esa libertad no es tal porque no es del todo completa.
El tercer tipo o nivel, es aquel delimitado por el mundo físico. Si yo quisiera volar, nada me lo impediría, pero tendría que comprar un pasaje de avión o poseer uno, de ninguna manera podría saltar del quinto piso de mi departamento y agitar los brazos. Por más que yo quiera y que nada me lo impida, ni siquiera el sentido común (o instinto de conservación), podré jamás hacer algo que evada las "leyes" del mundo físico. Claro está que, aunque ese acto en particular no fuera catalogado como un suicidio, sería un acto legal, moralmente aprobado desde el punto de vista social y personal, pero imposible de hacer. Este último sentido que le doy a "las libertades" es aquel que nos enlaza con la realidad, en la forma más concreta posible, que no involucra ninguna atadura abstracta sino mas bien una más palpable y cotidiana, la del mundo real.
Por otro lado, las que yo llamo "libertades" son todas aquellas acciones que se nos están permitidas hacer. Yo creo que hay diferentes tipos o niveles de libertades, las más obvias son aquellas ligadas con el sentido que nos imponen los derechos y sus leyes asociadas, aquellas que rigen nuestra vida dentro de la sociedad como ciudadanos de una nación. Surgen como un desarrollo escrito de lo que una nación entiende como moral, pero es lo que en la práctica rige al mundo. Por ejemplo, no tengo la libertad de pasarme la luz roja aunque pueda hacerlo, porque me darán una multa; lo que delimita esa "libertad".
Se suele decir que la libertad es un derecho, y yo creo que es un error muy grave, porque La Libertad descrita en el primer párrafo no es un derecho sino una característica intrínseca del ser humano, eso jamás debería estar en discusión. Lo que sí es un derecho es, por ejemplo, la libertad de expresión o la libertad de pensamiento, que son libertades específicas, que tratan asuntos muy particulares, que deben ser entendidas como potestades o derechos que otorga la ley, derechos que se basan (o deberían basarse) en lo que muchos entendemos como sentido común, el cual a su vez se apoya (o debería apoyarse) en una observación simple de nuestras capacidades como seres humanos (entiéndase nobles seres humanos que buscan el desarrollo del hombre y de la sociedad). Es decir, muchos políticos se llenan la boca "defendiendo a la libertad", pero esa frase es un absurdo, porque no se puede defender algo que cada individuo ya posee. Lo que sí se puede defender es el ejercicio libre de un derecho específico, otorgado por la ley o en su defecto por la moral (no necesariamente religiosa). Por ejemplo, puedo defender el voto de la mujer aún en aquel país en donde legalmente está prohibido.
Sin embargo esas libertades no son las únicas, porque creo que al menos hay otros dos tipos o niveles. Existen aquellas que rigen nuestro comportamiento, aquellas impuestas por la sociedad y que han sido interiorizadas de modo tal que adoptamos como nuestras. Por ejemplo la libertad de comer con las manos (de la manera que se hacía en el medioevo), si lo hacemos a solas no hay problema, pero si lo hacemos en público seguro que nos mirarán mal. A lo que me refiero es que hay cosas que están fuera de la ley pero que están dentro de lo que entendemos por moral (que es un sentido mucho más elevado que el de las "buenas costumbres"). Esta moral no es necesariamente religiosa, y es una constante en nuestras vidas que parametriza nuestro comportamiento. Así, si decidimos hacer algo que podría ser considerado inadecuado u ofensivo, depende exclusivamente de nosotros hacerlo o no, pero existirá una barrera que, por más tenue que sea, nos obligará a pensar en que, aunque seamos libres de realizar ese acto específico, en realidad esa libertad no es tal porque no es del todo completa.
El tercer tipo o nivel, es aquel delimitado por el mundo físico. Si yo quisiera volar, nada me lo impediría, pero tendría que comprar un pasaje de avión o poseer uno, de ninguna manera podría saltar del quinto piso de mi departamento y agitar los brazos. Por más que yo quiera y que nada me lo impida, ni siquiera el sentido común (o instinto de conservación), podré jamás hacer algo que evada las "leyes" del mundo físico. Claro está que, aunque ese acto en particular no fuera catalogado como un suicidio, sería un acto legal, moralmente aprobado desde el punto de vista social y personal, pero imposible de hacer. Este último sentido que le doy a "las libertades" es aquel que nos enlaza con la realidad, en la forma más concreta posible, que no involucra ninguna atadura abstracta sino mas bien una más palpable y cotidiana, la del mundo real.
