jueves, 28 de diciembre de 2017

El fundamentalismo invisible

En cuestiones de política, si yo fuera norteamericano tendría que decidir entre ser republicano o demócrata. En otros países, en cambio, se piensa en la posibilidad de ser social-demócrata, socialista o hasta comunista. Pero, ¿cuál es la perspectiva desde la que uno se autodefine como de una u otra tendencia política? ¿Cuál es el paradigma sobre el que se basan esas definiciones? El leitmotiv no es otro que la distribución de la riqueza.

Desde que tenemos uso de razón aceptamos la idea de que con el dinero todo aquello que necesitamos se puede obtener. Aceptamos la idea de que hay que trabajar muy duro para obtenerlo y de que depende de nosotros mismos regir nuestro destino político-económico al votar por aquella persona que nos representará como individuos y como nación, una persona que será capaz de seguir los lineamientos de nuestra corriente de pensamiento político: republicano, demócrata, social-demócrata, socialista o comunista. En este sentido cientos de hombres y mujeres han ayudado a crear y desarrollar leyes, normas y ensayos que tratan de explicar y predecir el comportamiento de las sociedades y de las relaciones mercantiles y políticas entre ellas. Me resulta realmente abrumador pensar en todo el esfuerzo e intelecto invertidos por todos esos hombres y mujeres dedicados a encontrar respuestas y procedimientos que ayuden a las futuras generaciones a enriquecerce más eficazmente y de la manera más conveniente posible. Es increíble que tantas horas-hombre se hayan desperdiciado en la búsqueda más larga, absurda, materialista e inhumana de toda la historia: la búsqueda de la riqueza.

El dogma que nos rige actualmente es la búsqueda de la riqueza, pero todos los mecanismos y conceptos que utilizamos a diario para cumplirla son sólo las capas exteriores que se ven en la superficie. El núcleo, el motor de este dogma es el poder. No son los grandes políticos los que definen los destinos del mundo, sino los dueños de los grandes bancos y de los conglomerados empresariales. Alli es donde radica el verdadero poder, y la riqueza es sólo un paso previo, del cual formamos una parte minúscula del engranaje de esta gran maquinaria. ¿Necesita una prueba?, pues sólo busque en internet a los dueños de los bancos y corporaciones más importantes y obtendrá algo parecido al gráfico líneas abajo.


Resultado de imagen para conglomerados economicos

(Para muestra un botón: fuente http://fress.co/10-grandes-companias-y-los-productos/)

Ese gráfico sólo muestra 10 corporaciones relacionadas en su mayoría con la producción de alimentos o afines, pero hay muchas más y con un abanico de productos mucho más diverso, en donde se puede comprobar que algunas empresas internacionales son dueñas de muchas marcas, algunas de las cuales en apariencia compiten entre sí.

¿Es bueno el capitalismo? El Fin de la Historia de Fukuyama dice que sí, al igual que lo insinúa el Misterio del Capital de De Soto, tal como lo dicen muchísimos otros autores. Sea usted liberal o no tiene que concordar conmigo que aún China y Rusia cumplen fielmente los preceptos del dogma reinante. El gran problema es que esto tiene su base en el ejercicio egoísta y codicioso de la búsqueda de la riqueza. El dogma dice que si todos (absolutamente todos) de forma indivual buscáramos la riqueza llegaremos a ser felices porque en conjunto obtendremos el bienestar. Inclusive hay países tomados como ejemplo de este ideal, tales como Suecia. Pero en realidad los ejemplos son muy pocos justamente porque el ciclo del dinero impide que todas las sociedades sean ricas. Es decir, para que exista una sociedad rica tendrá necesariamente que haber muchas sociedades pobres, y es así como se comporta el mundo simple y llanamente porque a pesar de que el dinero digital es virtualmente ilimitado  al mismo tiempo los recursos no lo son, lo que lo hace un sistema insostenible.

Es insostenible más allá de la capacidad de conseguir insumos debido a la explotación continua e implacable del hombre por el hombre: mientras los recursos son limitados la riqueza indivual no lo es; hay algunas personas tan ricas o más que algunos países pobres. Esto no es sólo absurdo sino inmoral. Además, aún haciendo a un lado la discusión sobre su sostenibilidad práctica o de su inmoralidad, ¿acaso en estas sociedades ideales no existe una super-independencia del individuo? La super independencia nos alieniza, nos separa y nos destruye como sociedad, lo cual es al mismo tiempo insostenible; porque a la larga la tasa de nacimientos será menor que la tasa de defunciones; e inmoral porque no aportará nada al desarrollo y florecimiento del mundo en el que vivimos.

¿Es buena la democracia? Todos los medios de comunicación lo dicen. Lo políticamente correcto es decir que sí. Pero ¿si usted estuviera en un barco con cien pasajeros haría una votación para elegir al capitán o le daría el timón a aquél que tuviera entrenamiento en conducir barcos y que pueda demostrar su experiencia marítima? Más allá de toda prueba de lo adecuado de la experiencia y conocimientos del capitán si pudiera elegir entre varios de ellos ¿elegiría al que trate bien a sus tripulantes y pasajeros, a aquél que administre bien los recursos del barco, a aquél que viaje a una velocidad prudente dependiendo del clima y de lo agitado del mar, o eligirá al más carismático, al que prometa llegar en menos tiempo al puerto de destino, al que trate con complacencia a sus tripulantes pero con desdén a sus pasajeros, o al que cometiera errores de juicio sin aceptarlos, corregirlos o sin pedir perdón por ellos? La democracia no sólo es una ilusión perversa es también una máquina de hacer ilusos, y por tanto inmoral en su esencia.

¿Entonces hay que girar a la izquierda? El comunismo es la otra cara de la moneda de la democracia, pero es al fin y al cabo la misma moneda. En la práctica siempre se encontrarán muchos problemas para responder a lo siguiente: ¿quién o cómo se elige a los gobernantes, y si éstos tienen alguna forma de probar su aptitud o mérito?, ¿acaso el hecho de aglutinar al total de la población en una sola masa de gentes sin mayor "voluntad" que la de apoyar el régimen-de-bien-común no los minimiza como individuos?, ¿acaso esta pequeña libertad individual, adecuada sólo para alabar al sistema, no aliena y elimina la voluntad propia de cada persona de desarrollarse como tal, contradiciendo al bien común?, y, ¿no es el regimen de bien común aquel que niega la posibilidad de escuchar a cada persona en su clamor individual por la expresión de su diversidad con respecto a los demás? Mientras la democracia nos da la ilusión de realización mediante la exaltación de la individualidad el comunismo nos da la ilusión de justicia destruyendo la diversidad que hace a la humanidad lo que es, convirtiendo a sus súbditos en maniquíes monosilábicos, lo que la hace también perversa e inmoral.


¿Cuál consideraría usted, amigo lector, que es la pregunta que debería definir al ser humano? Yo creo que sería "¿cuál es mi propósito en la vida?", antes que "¿quien (o qué) soy?". Esto en razón de que la segunda pregunta implica una petición de principio, cuya respuesta además carece de importancia pero que da la oportunidad a preguntarse a futuro "¿quién (o qué) quiero ser?", "¿quién (o qué) seré?". Esas preguntas son peligrosas. Porque desde un punto de vista religioso sólo enriquecerán la autodefinición de quien pregunta, cuya realización no llevará a ningún lugar más que a sí mismo, y porque desde un punto de vista no-religioso sólo engrosarán la lista de metas materialistas provocadas por esta búsqueda de la riqueza. En cambio "¿cuál es mi propósito en la vida?" implica no solo la realización de un acto consciente sino también de una búsqueda, que aunque subjetiva en principio, es al mismo tiempo muy objetiva. Esta búsqueda, la búsqueda de un propósito es la que debe regir nuestras vidas.

Pero ¿cómo este tipo de búsqueda puede ser un fin en si mismo? Somos seres conscientes, dinámicos y dependientes. Dependemos de nuestros cuerpos, de la relación que tenemos con nuestros pares (familia, amigos, compañeros de trabajo, de la sociedad en general) y de los frutos del planeta Tierra, siendo todo lo anterior también dinámico y dependiente entre sí. Si hay algún sentido que se le deba atribuir a la humanidad es justamente ese: vivir siendo conscientes de nuestro entorno y de nuestra dependiencia de él. Cada uno de nosotros pasa por diferentes etapas con el correr de los años y tenemos por tanto diferentes metas y expectativas, de ahí que la búsqueda de un propósito es diferente para cada persona y aun diferente para una misma persona en distintas etapas de su vida.

No se trata de la búsqueda de la felicidad o del bienestar, sino de una constante búsqueda de nuestro lugar en el mundo. Alguien dijo alguna vez "...se hace camino al andar...", o lo que es para mí: más importante que la existencia de un camino es el andar mismo el que importa y el que define nuestra vida. Si no estuviéramos empeñados en ser fieles al fundamentalismo vigente (ese que determina que nuestras vidas deben estar dedicadas a la búsqueda de la riqueza) seguramente no hablaríamos en términos de derechas o izquierdas ya que ni la concentración del poder ni el dinero importarían.

La búsqueda de un propósito propone ser parte del mundo que nos rodea de un modo consciente de la única manera en que lo podemos ser: contribuyendo a su desarrollo y a su florecimiento. De otro modo ¿cómo podríamos, de forma individual u organizados en una sociedad, ser parte del mundo si lo único que buscamos es apropiarnos de él (o de parte de él)? El sentimiento de bienestar es un producto de este ser parte, y la felicidad (que es un estado mental pasajero) vendrá por añadidura, pero el buscar simplemente nuestro bienestar o nuestra felicidad es egoísta y una de las máscaras del fundamentalismo invisible que hay que saber identificar.


Si usted se ha molestado por alguno de mis puntos de vista es muy posible que sea un febril creyente de este conjunto de preceptos fundamentalistas sin querer serlo realmente. En contraposición el principio o valor más importante que hay en el mundo es el Amor, entendido como todas aquellas acciones que no dañan y que ayudan a promover, desarrollar y florecer a la Vida. El fundamentalismo invisible nos quiere hacer creer que alguno o todos sus principios son benévolos, pero haciendo un análisis un poco más a fondo se dará cuenta que ninguno es sostenible, y que la insostenibilidad es una contradicción a la vida misma.

Para terminar, creo que necesitamos buscar nuestro propósito como individuos que viven dentro de una sociedad y que viven gracias a los recursos que nos brinda la Tierra, de ese modo podremos ser verdaderamente parte de ella. Si bien es cierto no es posible cambiar las cosas para bien de la noche a la mañana lo que nos queda al final del día es siempre la esperanza de que en un futuro cercano más y más personas quieran vivir conscientemente dentro de un mundo más armonioso y justo, y así tal vez, en algún momento, este se haga realidad.


lunes, 4 de febrero de 2008

La libertad y las libertades

Muchas veces, todo el tiempo diría yo, la "libertad" es confundida con las "libertades", sin embargo existen grandes diferencias. La Libertad es, en un sentido metafísico si se quiere, aquella capacidad humana que nos permite hacer todo lo que la imaginación admita. Es una de las habilidades que definen al ser humano como individuo capaz de ejecutar ideas. Y aún el hecho de tenerlas constituye en sí mismo el ejercicio de la libertad como una habilidad o característica, no como un derecho, sino más como una posibilidad. Aún dentro del mundo de las ideas, pero acercando más este concepto al mundo real, podríamos decir que la libertad es esta curiosa combinación de voluntad, acción y naturaleza (personalidad), que nos permite ser quienes somos. Es decir, más allá de toda barrera legal, moral o física se me ocurrió escribir este blog porque soy libre de hacerlo, y lo soy gracias a esta mezcla de voluntad, acción y naturaleza, que me definen como individuo.

Por otro lado, las que yo llamo "libertades" son todas aquellas acciones que se nos están permitidas hacer. Yo creo que hay diferentes tipos o niveles de libertades, las más obvias son aquellas ligadas con el sentido que nos imponen los derechos y sus leyes asociadas, aquellas que rigen nuestra vida dentro de la sociedad como ciudadanos de una nación. Surgen como un desarrollo escrito de lo que una nación entiende como moral, pero es lo que en la práctica rige al mundo. Por ejemplo, no tengo la libertad de pasarme la luz roja aunque pueda hacerlo, porque me darán una multa; lo que delimita esa "libertad".

Se suele decir que la libertad es un derecho, y yo creo que es un error muy grave, porque La Libertad descrita en el primer párrafo no es un derecho sino una característica intrínseca del ser humano, eso jamás debería estar en discusión. Lo que sí es un derecho es, por ejemplo, la libertad de expresión o la libertad de pensamiento, que son libertades específicas, que tratan asuntos muy particulares, que deben ser entendidas como potestades o derechos que otorga la ley, derechos que se basan (o deberían basarse) en lo que muchos entendemos como sentido común, el cual a su vez se apoya (o debería apoyarse) en una observación simple de nuestras capacidades como seres humanos (entiéndase nobles seres humanos que buscan el desarrollo del hombre y de la sociedad). Es decir, muchos políticos se llenan la boca "defendiendo a la libertad", pero esa frase es un absurdo, porque no se puede defender algo que cada individuo ya posee. Lo que sí se puede defender es el ejercicio libre de un derecho específico, otorgado por la ley o en su defecto por la moral (no necesariamente religiosa). Por ejemplo, puedo defender el voto de la mujer aún en aquel país en donde legalmente está prohibido.

Sin embargo esas libertades no son las únicas, porque creo que al menos hay otros dos tipos o niveles. Existen aquellas que rigen nuestro comportamiento, aquellas impuestas por la sociedad y que han sido interiorizadas de modo tal que adoptamos como nuestras. Por ejemplo la libertad de comer con las manos (de la manera que se hacía en el medioevo), si lo hacemos a solas no hay problema, pero si lo hacemos en público seguro que nos mirarán mal. A lo que me refiero es que hay cosas que están fuera de la ley pero que están dentro de lo que entendemos por moral (que es un sentido mucho más elevado que el de las "buenas costumbres"). Esta moral no es necesariamente religiosa, y es una constante en nuestras vidas que parametriza nuestro comportamiento. Así, si decidimos hacer algo que podría ser considerado inadecuado u ofensivo, depende exclusivamente de nosotros hacerlo o no, pero existirá una barrera que, por más tenue que sea, nos obligará a pensar en que, aunque seamos libres de realizar ese acto específico, en realidad esa libertad no es tal porque no es del todo completa.

El tercer tipo o nivel, es aquel delimitado por el mundo físico. Si yo quisiera volar, nada me lo impediría, pero tendría que comprar un pasaje de avión o poseer uno, de ninguna manera podría saltar del quinto piso de mi departamento y agitar los brazos. Por más que yo quiera y que nada me lo impida, ni siquiera el sentido común (o instinto de conservación), podré jamás hacer algo que evada las "leyes" del mundo físico. Claro está que, aunque ese acto en particular no fuera catalogado como un suicidio, sería un acto legal, moralmente aprobado desde el punto de vista social y personal, pero imposible de hacer. Este último sentido que le doy a "las libertades" es aquel que nos enlaza con la realidad, en la forma más concreta posible, que no involucra ninguna atadura abstracta sino mas bien una más palpable y cotidiana, la del mundo real.